NokiMo
KyūdenTranslation
KyūdenTranslation

patreon


Sukina ko no shinyu ni hisoka ni semararete iru—Volumen 1/Capitulo 6

Capítulo 6: La belleza nocturna de Misa

Desde que era pequeña, nunca pude aprender a quererme.

Mi familia no tenía un linaje distinguido, pero sí contaba con cierta holgura económica. Mis padres quisieron darme un mejor entorno y me inscribieron en una escuela privada que abarcaba desde primaria hasta secundaria.

Me emocioné cuando mis padres me dijeron que allí estudiaban niños muy sobresalientes, pero la realidad no fue esa.

Lo que encontré fueron compañeros que, sin reconocer ni siquiera sus propias limitaciones, se burlaban y despreciaban a los demás. Me sorprendía no sólo lo ciego que podían ser consigo mismos, sino también lo agresivos que se mostraban con los demás.

Sin embargo, ellos parecían disfrutar cada día con entusiasmo. Solo yo no me sentía así. Empecé a pensar, en algún rincón de mi mente, que quizás quien estaba equivocada era yo.

Además, comencé a cuestionarme quién era yo para mirar a los demás con tanto desprecio. Poco a poco, ese sentimiento me llevó a odiarme a mí misma.

Sentí que eso no podía seguir así, así que le pedí a mis padres que me dejaran ingresar a la secundaria pública de mi ciudad. Para mi sorpresa, no se opusieron y aceptaron mi decisión. Ahora lo entiendo: ellos siempre pensaron en mi bienestar. Solo puedo agradecerles.

Creía que al cambiar de entorno, también cambiarían las personas a mi alrededor. Que yo misma podía cambiar.

Pero, al final, me decepcioné. No importa a dónde fuera, lo básico de las personas seguía igual. Por supuesto, las conversaciones con mis compañeros cambiaron, pero el egoísmo y la dureza hacia los demás no.

Hablaba con mis compañeros, pero en tres años no logré tener un amigo verdadero. Si hubiera sabido que sería así, habría seguido en la escuela privada sin dudarlo.

—¡Oye, oye! ¿Eres Yozaki, verdad? — me dijo un chico apenas entré a la nueva clase.

No reconocí su cara ni recordaba haber hablado con él.

—Sí, ¿y tú? — contesté.

—Yo soy... — su nombre no logro recordarlo, ni siquiera la primera sílaba.

Él parecía ser el payaso de la clase, y junto con otros compañeros, se reían con una risa vulgar sin importarle quién estuviera alrededor.

—Oye, ven acá — dijo él mientras me hacía señas con la mano.

Del lugar al que me invitaba, vi a un chico con una expresión apagada, sin energía. Él obedeció sin protestar y se acercó, luego fue obligado a hacer una imitación que rozaba lo ridículo.

Los demás se burlaban de la mala calidad de su imitación.

—Qué aburrido — sin darme cuenta, esa fue la opinión honesta que se escapó de mi boca.

No sólo la imitación era aburrida, sino que lo que realmente me cansaba era ver a esos compañeros riéndose como si despreciaran a alguien, y a ese chico que simplemente se dejaba humillar sin oponer resistencia.

El chico alborotador, al ver que mi ánimo decaía, cambió su actitud a una que parecía demasiado servil, intentando ganar mi simpatía. Era completamente opuesto a cómo había actuado antes. Realmente, aburrido.

Las personas alrededor pusieron caras de incertidumbre, como preguntándose qué hacer. Entre las chicas, algunas me lanzaron miradas que decían "No te dejes llevar".

Pero, ¿quién estaba más perdido aquí?

En medio de todo eso, solo él mantenía la mirada fija en mí. Sus ojos, que hasta hacía poco parecían opacos, poco a poco recuperaban su brillo.

Desde ese día, él cambió. No conozco demasiado de cómo era antes, pero empezó a mostrar un lado muy diferente al que yo había pensado en un principio.

Primero, se acercó a hablar con dos compañeros. Yo los observaba desde lejos. Al principio, todos parecían incómodos, pero con el tiempo las risas comenzaron a salir con naturalidad.

Al verlo, una sonrisa se dibujó en mi rostro sin querer.

Era la primera vez que sentía interés por un compañero. Aunque no recordaba ni los nombres de los chicos con quienes estuve el año anterior en la misma clase, sí guardé el nombre de él.

Se llamaba Seko Rento.

Por un tiempo, Seko siguió hablando con esos dos chicos, pero un día, para mi sorpresa, fue él quien me habló a mí.

—Y–Yo soy Yozaki...

Con esas pocas palabras, se trabó y se notaba claramente lo nervioso que estaba. Eso, de alguna forma, me pareció adorable. Nunca antes me había sentido así por un compañero.

A partir de ese día, comencé a hablar con él. Al principio, las conversaciones eran forzadas y torpes, pero poco a poco, las risas comenzaron a surgir de manera natural.

En algún momento me di cuenta de que esperaba con ganas ir a la escuela, y también comprendí que había cambiado, aunque solo un poco.

Seko, que había logrado cambiar, me hizo pensar que yo también podría hacerlo estando a su lado. Fue entonces cuando tuve esa certeza.

Además, personalmente, me gustaba el tiempo que pasaba con él. Pero eso no se lo podía decir. No era que no quisiera, simplemente no podía expresarlo, y eso también fue una experiencia nueva para mí. Guardaré en secreto que eso me hizo feliz.

El tiempo que pasaríamos juntos en la misma secundaria era corto, pero si lográbamos entrar a la misma preparatoria, serían tres años más.

En la reunión de orientación antes del examen de admisión, verifiqué su rumbo académico. Luego, le dije a mi tutor y a mis padres que quería ir a la misma preparatoria que él. Pero no se lo dije a él. Además de la vergüenza, quería ver su reacción al enterarse después del examen de que estudiaríamos juntos.

Al final, él fue el que gritó con más alegría cuando anunciaron los resultados. Sentí un cariño profundo por él en ese momento.

Y llegó el primer día de preparatoria. Él me confesó sus sentimientos, y me sorprendió en dos sentidos.

Primero, porque no había notado que él sentía algo por mí. Creo que esto se debió a que no sé mucho sobre el amor, pero también porque no soy buena para entender a las personas.

Y segundo, porque me sorprendió que él hubiera cambiado tanto como para ser capaz de expresar sus sentimientos. He oído que confesar amor requiere valor, y me conmovió ver su crecimiento.

Pero mi respuesta ya estaba clara.

—Lo siento — le dije.

Los sentimientos de Seko me hicieron muy feliz, pero no podía corresponderlos.

Si ni siquiera puedo quererme a mí misma, no tengo derecho a amar a alguien más.

***

Desde que me confesó en el día de la ceremonia de ingreso, Seko me dice que me quiere casi todos los días.

—¡Te quiero, Yozaki! ¡Sal conmigo!

—Hoy está un día hermoso. Mira ese cielo azul, tan puro y brillante como tú, Yozaki. Te quiero, sal conmigo.

—Te traje la nueva edición del té que te gusta. ¡Está delicioso! Por cierto, ¿no te parece curioso que “delicioso” y “hermoso” compartan parte del mismo carácter? Hoy también estás hermosa, Yozaki. Te quiero, sal conmigo.

Aunque por dentro me alegro, suelo responder con una actitud fría. Parte de eso es porque me da un poco de vergüenza aceptar sus sentimientos con total sinceridad, pero sobre todo porque no puedo aceptar plenamente esas emociones. Por eso, termino con respuestas ambiguas. Me repito que no me queda de otra.

Sin embargo, él nunca se rinde. Sigue hablando de lo que le atrae de mí y termina confesándome su amor una y otra vez. Solo eso hace que ir a la escuela se vuelva algo que espero con ganas.

Y ahora, hay un motivo más por el que disfruto ir a la escuela.

—Seko, ¡basta ya! Deja de molestar a Misai, ya.

Esa es mi mejor amiga, Haruno Hinata, quien siempre me regaña por las confesiones constantes de Seko. La interacción entre ellos es casi un ritual, y las confesiones de Seko solo paran cuando Haruno lo detiene. Pero después, como si nada, ellos siguen hablando como amigos.

Haruno es una persona muy alegre, amigable y capaz de conversar con cualquiera sin distinción. Ella y Seko tienen un tipo de confianza juguetona que ni siquiera yo comparto con él. La admiro mucho por eso, es alguien a quien realmente respeto. Me alegra que ella diga que soy su amiga.

Ella tiene un espíritu despreocupado y un encanto natural que me parece muy lindo. A diferencia de mí, que siempre estoy tensa y sin fisuras.

Tener a Haruno como amiga fue un gran cambio para mí. Sin embargo, sé que solo es gracias a ella que puedo relacionarme bien con los demás; yo misma no he cambiado realmente.

Una vez, Haruno me aconsejó que debería rechazar sinceramente a Seko.

—Con la actitud que tiene Seko, va a seguir insistiendo hasta que digas que sí. Si te molesta, lo mejor es darle un no claro de una vez.

—...Tienes razón. Pero no me molesta. Creo que está bien como está.

—...Está bien, si a ti te parece.

Desde entonces, Haruno nunca volvió a insistir en que rechazara a Seko, pero cada vez que él declara su amor, ella siempre interviene para detenerlo.

En realidad, no me siento molesta. Más bien, espero con ilusión esas confesiones. Sin embargo, no tengo intención de corresponder a sus sentimientos. Sé que eso le hace daño, y me siento mal por ello. Pero también me da tristeza pensar que algún día dejaré de escucharlo, así que por eso no le doy un no definitivo.

¿Soy realmente una persona tan egoísta? Me reprocho internamente.

***

Desde que entré a la preparatoria, siempre estoy con ellos. Ya sea entre semana o en días libres, estamos juntos. Eso es lo que más me hace feliz.

En la secundaria, también hablaba con Seko, pero no tanto como ahora. Él valoraba mucho el tiempo con Oda y sus amigos. Sin embargo, Oda, que también entró a la misma preparatoria, hizo nuevos amigos en su club, y poco a poco Seko pasó más tiempo conmigo. Ellos lo asumen con naturalidad, y cuando están los dos, siguen disfrutando de la conversación sin problemas.

¿Y quién es la nueva amiga de Seko? Por supuesto, Haruno.

Seko y Haruno dicen que no son “tan cercanos”, pero yo envidio esa complicidad entre ellos.

¿Es solo amistad? ¿O hay algo más? No lo sé.

Pero mientras paso más tiempo con los dos, ese misterio crece dentro de mí.

Cuando parecen discutir, pero en realidad están bromeando como personas que se conocen bien.

Cuando se curan mutuamente heridas físicas, como una especie de pacto silencioso entre los que saben lo que es sufrir.

Cuando pegan sus escritorios porque uno olvidó el libro de clase y hablando en voz baja durante la clase, aunque solo de vez en cuando.

Mi corazón se agita, pero no sé por qué.

Cuando fuimos a comprar el regalo de cumpleaños para Haruno, tampoco sentí paz.

Al principio, me sentía un poco nerviosa por ir a comprar sola con Seko por primera vez.

Pensaba que él estaría tan nervioso como yo, pero él parecía tranquilo, y se comportó con la misma naturalidad de siempre.

Era como si esa persona estuviera entre nosotros, como si estuviéramos pasando el día libre los tres juntos.

Eso me hacía entender lo importante que Haruno se había vuelto para Seko.

Que él se llevara bien con mi mejor amiga era, en verdad, algo que me debía alegrar. Pero de alguna forma, sentí que en mi pecho colgaba un peso oscuro y pesado.

Al mismo tiempo, noté algo extraño: cuando estaba con él, cuando él me prestaba atención, mi pecho se aligeraba.

Por eso, a pesar del tiempo limitado, elegí un camino poco eficiente. No podía ni pensar en separarnos, así que decidí que recorreríamos juntos las tiendas.

Cuando le propuse eso, vi que se sorprendió un poco. Probablemente porque mi acción era distinta a lo que esperaba de mí. Y era cierto, antes habría optado por lo más práctico. Saber que él me comprendía me llenó de una cálida sensación.

Pensándolo bien, últimamente yo elijo más por emociones o intuición que por lógica cuando se trata de algo relacionado con él. Fue así cuando elegí la preparatoria a la que aplicaría. También cuando supe que él iría por la rama de ciencias, yo respondí sin pensarlo que también me iría por ciencias.

¿Será que él me ha cambiado? ¿Me alegra porque he logrado transformarme? ¿O porque fui transformada por él?

Aún no sé la respuesta, pero cuando la tenga, creo que podré decir que realmente he cambiado.

Aunque no tenga bases concretas, por alguna razón estoy convencida de eso.

Y los sentimientos que han nacido dentro de mí son cosas que la antigua yo, al menos la de principios de primavera, no conocía.

Cuando supe que la primera persona a quien le regalaría un presente era Haruno, me arrepentí de no haber intercambiado regalos el año anterior.

Cuando vi que eligió una prenda que no estaba atrapada en la imagen que tenía de ella, sino que mostraba su verdadero valor, sentí cuánto le importaba realmente, y un dolor punzante en el pecho.

Cuando le pregunté si era más de gatos o perros, y respondió “ambos”, no sé por qué, pero sentí que me había traicionado.

Con el corazón latiendo con fuerza, oculté mi reacción y mantuve la calma superficialmente mientras elegía el regalo para el cumpleaños de Haruno.

Elegí unos tenis deportivos que pensé que le quedarían bien a Haruno. Un poco caros, pero Seko estuvo de acuerdo en que si poníamos dinero entre los dos, era justo.

No fueron objetos elegidos por él. Solo por eso, mi corazón se sintió más ligero.

Mientras sentía tristeza porque nuestro tiempo juntos terminaba, dentro de mí hubo también una sensación de alivio.

Sin embargo, después de ese día, mis emociones siguieron siendo un torbellino.

Cuando ella se resbaló y cayó, a pesar de que ambos llevábamos traje de baño, y él la sostuvo para que no se cayera.

Cuando, sin que ella se lo pidiera, él intentó ganar un premio en el tiro al blanco para ella.

En esos momentos, cuando ellos quedaban a solas, mi corazón se agitaba y sentía un dolor punzante, como si se me fuera a romper.

Por otro lado, cuando él me presta atención y me dice palabras de elogio, siento una cálida dulzura en el pecho.

Por eso escogí un traje de baño para ir a la piscina que pensé le gustaría a él, esperando que me halagara. También renté un yukata con la misma esperanza.

Y luego, aquella vez. Después de ver los fuegos artificiales, cuando Haruno salió corriendo de repente y quedamos solos él y yo, me atreví a buscar lo que necesitaba: las palabras de él para sanar ese corazón mío que ni siquiera sé cuándo ni cómo se lastimó.

Como tratando de llenar ese vacío abierto, actué.

Entonces él me habló de mis encantos. Quizás porque lo pedí, habló más de lo habitual.

Escuchar eso llenó mi alma, pero aún sentía que faltaba algo. Palabras que no podía pedir por mí misma.

Pero justo cuando iba a escuchar esas palabras, Haruno regresó y no fue posible. Así, mi corazón quedó seco.

Pasaron algunos días desde ese momento, y mañana planeamos salir los tres de nuevo.

Desde que empezó el receso de verano, a veces salimos incluso entre semana, y no puedo pedirle a mis padres que me lleven en auto cada vez. Además, si tomo el tren, puedo llegar a ver a Seko más rápido. Así que he empezado a usar el tren.

Por eso, últimamente, solo Seko es quien viene a encontrarme a la estación más cercana a mi casa.

Cuando me ve, corre directo hacia mí sin dudar.

Sin embargo, él no me dice esas palabras en el momento. Parece que para él, las palabras siempre van acompañadas de la intervención de Haruno, porque solo después de reunirse con ella es cuando me las dice.

Aunque desearía escucharlas cuando estamos a solas, no puedo expresar ese deseo en voz alta.

Hasta ahora, siempre he sido egoísta: quería sus palabras de elogio, pero luego no aceptaba lo que sentía por mí; no lo rechazaba, pero tampoco lo aceptaba completamente.

Pero ahora, quiero esas palabras que vienen después.

Sé que estoy siendo caprichosa.

Por favor.

Dámelas.

Seko.


Related Creators