NokiMo
KyūdenTranslation
KyūdenTranslation

patreon


Sukina ko no shinyu ni hisoka ni semararete iru—Volumen 1/Capitulo 3

Capítulo 3: El amor de Hinata Haru.

Empecé a correr cuando estaba en segundo grado de primaria.

Todo comenzó porque una vecina, una chica mayor con la que me llevaba muy bien, me invitó a un club de atletismo donde ella participaba. El club era solo para niños de primaria, así que después tuve que retirarme, pero cuando entré a la secundaria terminé uniéndome al equipo de atletismo de la escuela y seguí corriendo.

Desde siempre se me dio bien correr. Más bien, creo que tengo buen talento para los deportes en general. Los resultados no tardaron en llegar y logré muchas buenas marcas. Los trofeos y placas que gané son mis tesoros más preciados, y todavía los tengo exhibidos en mi cuarto.

Pensaba que seguiría corriendo también en la preparatoria.

Entonces llegó la última competencia de secundaria. Con las expectativas de todos sobre mí, di la señal de salida. Pero casi de inmediato, un dolor intenso me atravesó la rodilla, y perdí toda fuerza de golpe. Me desplomé en el suelo.

Me llevó la ambulancia y en el hospital me dijeron que tenía un desgarro en el ligamento de la rodilla derecha. Me dijeron que si hacía bien la rehabilitación podría volver a correr, pero la última competencia de la secundaria ya se había ido para siempre.

Terminar así, traicionando la confianza y las esperanzas de todos, me llenó de culpa. Pero mis amigos me apoyaron diciendo cosas como: “Qué mala suerte, pero ánimo con la rehab” y “Vamos a sacar esto adelante”.

Al principio, ni siquiera podía llevar una vida normal. Tuve que usar muletas para caminar, y eso fue realmente incómodo. Poco a poco me fui cansando de moverme tanto con ellas. Pero también me aburría quedarme quieta, así que empecé a pensar en cosas que pudiera hacer sin correr ni saltar.

No encontré nada.

Me di cuenta de que mi vida se había resumido solo en correr. Había dejado de lado todo lo demás y me había obsesionado con el atletismo. Y ahora que me lo habían quitado, sentí que no me quedaba nada.

Decidí observar qué hacían los demás. Mis compañeros con los que sudaba en el club de atletismo empezaron a dejarse crecer el cabello después de retirarse del equipo. Los chicos, que antes tenían un look más rudo, ahora se veían más atractivos, casi seductores.

Eso me dio una idea.

Si iba a volver a correr en la preparatoria, ahora era el momento perfecto para dejarme crecer el cabello. Siempre lo había cortado muy seguido, pero si lo dejaba largo, igual que las chicas en mi clase, ¿quizás podría verme más linda? Empecé a ilusionarme con esa idea.

Durante las vacaciones de verano, no me corté el cabello. Y cuando terminaron... finalmente había crecido hasta rozar mis hombros, o tal vez apenas alcanzarlos. No sé si cambié mucho, pero ¿habrá cambiado mi aura?

Todos estaban ocupados con los cursos de verano, y yo aún no podía caminar con total libertad, así que me la pasé encerrada en casa todo el verano. Por eso, ver a todos de nuevo en la escuela después de tanto tiempo me emocionaba y también me ponía nerviosa.

Abrí la puerta del salón con la ilusión de ver cómo reaccionarían.

Al escuchar el ruido, mis compañeros se voltearon. Al verme, uno comentó:

—¿Qué te pasó con el cabello? No pareces la misma Haru.

—¿Neta? ¿No se ve bien?

—Claro que no, Haru siempre ha sido de cabello corto, ¡así que así te ves rara!

Eran mis amigos de siempre, gente en la que confiaba, así que sabía que no tenían mala intención… Pero a pesar de eso, me dolió mucho.

Esa misma tarde, después de clases, fui a cortarme el cabello.

Pensé que no tenía derecho a querer verme bonita. Que lo único que podía hacer era dedicarme de por vida al atletismo o a algún deporte. Que esa era la Haru que todos esperaban. Me convencí de eso.

Creo que mi mamá notó lo triste que estaba, porque un día me trajo un folleto con información de preparatorias y me dijo:

—Mira, Haru, ¿no te parece lindo este uniforme?

—Sí… pero siento que no me quedaría bien.

—¡Qué dices! Si tú eres muy linda, ¿cómo no te va a quedar?

—No es así… yo no…

—No digas eso. Oye, ¿qué tal si aplicas aquí? No pasa nada, aquí todas usan este uniforme. Solo tienes que tener confianza. Imagínate que eres parte de esta escuela y que te sientes orgullosa de llevar este uniforme.

Honestamente, me dio ganas de probarlo. Pero al imaginarme con ese uniforme, casi podía escuchar a la gente diciendo que no me queda bien, y me paralizaba ese pensamiento.

—Bueno, al menos vamos a esforzarnos en los estudios — me dijo mi mamá — Como no tenía mucho más qué hacer, empecé a estudiar sin salir con mis amigos, metiéndome de lleno en los libros.

Y por alguna razón, esos esfuerzos dieron resultado: en un examen de simulación que hice en invierno, obtuve una evaluación B para esa preparatoria.

Me sentí feliz, pensando: “Entonces no soy solo buena para correr, también puedo con los estudios.”

Cuando salí del curso de apoyo abrazando los resultados del examen, me di cuenta de que por las calles había muchas parejas caminando de la mano.

Claro, hoy era Nochebuena. Resulta que para nuestra edad ya no es tanto un día para estar con la familia y comer rico, sino uno para estar con la pareja.

Ver a esas chicas caminando felices con su novio me revolvió el corazón. ¿Será que alguien como yo, que ni siquiera sabe cómo vestirse bien, podría tener esa clase de felicidad? No podía ni imaginarlo.

Pero tenía fe en que yo también podía cambiar. Ya estaba mejorando en los estudios, quizás también podía aprender a vestirme con estilo. Dicen que en la adolescencia vamos cambiando todos los días.

Antes de volver a casa, me detuve un rato en una tienda de accesorios en un centro comercial cerca de la estación. Tenían muchas cosas lindas y me encantaron varias, de inmediato tuve una favorita.

Pero al final pensé: “No va conmigo.” Y no compré nada.

Pasó el tiempo y finalmente llegó el día del examen de ingreso a la preparatoria.

Revisé mi pase para el examen con mucho cuidado. Como mi mamá me advirtió que los portaminas suelen dar problemas, decidí usar lápiz; hacía años que no usaba uno, así que lo saqué punta y preparé todo. Pero me di cuenta de que no tenía la goma de borrar, y que si guardaba el lápiz así nomás, mi estuche se iba a ensuciar. Por eso saqué un estuche viejo que tenía guardado y metí todo ahí.

Cuando llegué al lugar, sentí el corazón latir fuerte por la emoción de que, si pasaba, a partir de la primavera iba a estudiar ahí.

Me senté en el lugar que me asignaron según mi número de examen, y empecé a sacar mis útiles del estuche para ponerlos sobre el escritorio.

—…¡Ah!

Me di cuenta de que no tenía borrador. Anoche, cuando cambié de estuche, olvidé pasar la goma. Y para colmo, el lápiz que preparé no traía goma incorporada.

¿Qué hago? ¿Qué hago? ¿Qué hago? ¿Qué hago? ¿Qué hago? ¿Qué hago?

Justo cuando estaba tan nerviosa, apareció ese problema y no supe qué hacer.

Mientras todo esto pasaba, el tiempo seguía avanzando. Después de que nos dieron las instrucciones rápidas para el examen, sonó la campana que marcaba el inicio.

En medio del caos en mi cabeza, una pequeña parte de mí lograba mantenerse calmada y susurraba:

—Por ahora, solo enfócate en responder las preguntas. Si no cometes errores, no necesitas goma de borrar.

Tenía razón. Mientras no cometiera errores al escribir, no necesitaría borrar nada. Así que empecé a resolver las preguntas… pero justo en la primera me equivoqué al escribir.

Al final, entré en pánico y no pude concentrarme para resolver nada más. Era lo lógico: sin goma para corregir, era mucho más probable que cometa errores.

Mi examen terminó ahí. Nada de lo que hice rindió frutos. Me invadió una desesperanza enorme al sentir que no tenía nada.

En ese momento, sentí que algo tocaba mi pie. No podía hacer movimientos grandes para mirar hacia abajo sin llamar la atención, así que intenté imaginar qué podría ser con la mente en blanco.

Mientras tanto, el supervisor del examen, que estaba recorriendo el salón, se detuvo justo a mi lado.

¿Me iba a regañar? Me puse tensa, preparándome para eso.

Pero en lugar de eso, se agachó y dijo:

—Disculpa — alargando la mano hacia mis pies — ¿Esto es tuyo?

Me mostró una goma de borrar, doblada y usada.

Por supuesto, no podía ser mía porque la había olvidado, así que respondí en voz baja:

—No.

Entonces el supervisor le preguntó al chico que estaba sentado detrás de mí:

—Entonces, ¿es tuya?

Probablemente sí. Me alegré por él, porque al menos alguien la había encontrado. Pero entonces escuché a alguien responder desde atrás:

—No, esa no es suya. Creo que es de la chica que está adelante. Vi algo caer por el rabillo del ojo hace un momento.

No había entendido mal, porque el supervisor me miró con expresión desconfiada y volvió a preguntarme:

—¿No es tuya?

—Eh, yo…

—¿Hmm? No tienes goma de borrar, ¿verdad? Entonces seguro que es tuya. Bueno, ten cuidado de no volver a dejarla caer.

El supervisor dejó la goma sobre mi escritorio y siguió caminando para supervisar a otros.

Esa goma definitivamente no era mía. El verdadero dueño tenía que estar preocupado por ella.

…Pero nadie se había presentado a reclamarla.

Aunque me sentía culpable, usé esa goma para borrar mis respuestas.

Así, logré superar el primer examen. Luego me levanté para buscar al dueño de la goma. Y justo en el escritorio del chico que anteriormente le había dicho al supervisor que la goma era de la persona adelante, estaba la otra mitad de la goma que yo tenía en la mano.

Él se dio cuenta de que lo miraba, y me sonrió tímidamente.

—Menos mal que encontraste la goma.

Dijo eso, sacó un libro de repaso de su mochila y se puso a estudiar. No quise interrumpirlo para evitar distraerlo, así que me senté de nuevo.

Ese fue el primer encuentro con él, Ren Seko.

***

Después de pasar el examen, quería devolverle la goma y agradecerle, así que miré hacia atrás, pero el chico ya no estaba.

Al final no pude agradecerle, y la goma sigue guardada en mi estuche, como un amuleto de la suerte.

Una semana después, supe que había sido aceptada en la preparatoria. No fui a la ceremonia de resultados porque coincidía con una cita médica para seguimiento en el hospital. Podría haber cambiado la cita, pero no sentí que valiera la pena hacer todo ese esfuerzo.

Quizás tenía una pequeña esperanza de encontrarme con él, pero si alguno de los dos no pasaba el examen, ni habría ambiente para hablar. Y si los dos aprobábamos, me dije que podríamos hablar después de entrar a la escuela.

…Mentira. En realidad, solo no estaba lista mentalmente. Me faltaba valor.

Durante las vacaciones de primavera, fui con mi mamá a medirme el uniforme y a probarlo. Aunque el uniforme era bonito, sentí que más me “lo ponían” a mí que yo a él. Mi mamá y la vendedora me decían que me quedaba bien, pero yo solo escuchaba halagos fingidos.

Entonces mi mamá me preguntó:

—¿Y si te tiñes el cabello?

Me dijo que en esta preparatoria estaba permitido teñirse, y que cambiar el color me ayudaría a sentirme diferente.

Me pregunté si realmente tenía derecho a hacer algo así. Pero necesitaba un motivo para armarme de valor, así que teñí mi cabello del mismo color que el de mi querida mamá.

Llegó el día de la ceremonia de ingreso a la preparatoria.

Llegué con el corazón latiendo a mil y me dirigí al salón asignado para conocer a mis compañeros con los que pasaría el próximo año.

Y ahí estaba él.

Su nombre era Ren Seko. Apenas me di cuenta de que hasta ese momento no sabía su nombre. Quizás porque nunca tuvo sentido hablar de él con nadie, o porque su rostro estaba bien grabado en mi memoria.

Después de la ceremonia y las presentaciones, el profesor nos explicó brevemente cómo sería la vida en la escuela, y así terminó el programa del día.

Pensé que, ya que estábamos en la misma clase, debía agradecerle enseguida. Miré su lugar, pero otra vez ya no estaba. Apuré el paso hacia el pasillo y lo vi salir acompañado de una chica.

Recuerdo bien a esa chica porque me causó una gran impresión. Se llamaba Yozaki Misa, con un cabello largo y negro como la noche, piel tan blanca que parecía translúcida, como una muñeca. Era justo mi ideal.

Me pregunté por qué él se fue con ella. Me acordé que en las presentaciones mencionaron que ambos venían de la misma secundaria.

Sentí un mal presentimiento. Para distraerme, jugué nerviosa con mi cabello teñido.

…Pero como siempre, no tuve el valor para averiguarlo.

Aquella noche, después de irme a casa cabizbaja, no podía dejar de pensar a dónde habrían ido ellos y qué habrían hecho. Si hubiera sabido lo que iba a pasar, tal vez los habría seguido… pero eso sería acosarlos, ¿no?

Al día siguiente, llegué temprano a la escuela. No porque estuviera emocionada por el nuevo inicio, sino para esperar en el aula y poder hablar con él en cuanto llegara.

Cuando entré, ya había varios alumnos, y entre ellos estaba Yozaki Misa.

¿Qué hago? ¿Le pregunto directamente sobre ayer? Por un instante pensé en hacerlo, pero enseguida me di cuenta de que preguntarle eso en nuestra primera conversación me haría ver rara.

Así que solo me quedaba esperar a que él apareciera.

Cuando la mayoría de los compañeros ya estaba en el aula, finalmente él apareció.

¡Ahí estaba! Quise correr hacia él, pero él tenía la mirada fija en un punto y se dirigió directamente hacia Yozaki.

—Ayer no te lo dije, pero te ves increíble con el uniforme, Misa. Me gustas, ¿quieres salir conmigo?

Así, él le confesó sus sentimientos.

Por un momento no supe qué había pasado, pero cuando los murmullos comenzaron a crecer a mi alrededor, sentí un dolor punzante en el pecho.

Mientras sujetaba mi pecho adolorido y observaba lo que ocurría, ella no respondió a sus sentimientos y siguió hablando como si nada.

…No pude evitar sentirme un poco molesta.

No sabía exactamente qué era ese sentimiento, pero deseaba que él también me dijera que me veo bien con el uniforme. Un impulso fuerte me invadió todo el cuerpo.

No podía entender la relación entre esos dos, pero supe instintivamente que dejarlos así era peligroso.

Por eso, me metí entre ellos y dije con firmeza:

—¡Deja de hacer eso! ¡Ella también debe estar incómoda!

***

Han pasado dos semanas desde entonces.

Nuestra relación es algo extraña y desordenada, pero somos un grupo unido y cercano.

Misa y yo nos llevamos bastante bien. No solo es bonita, sino que también tiene una gran personalidad, así que no tardamos en hacernos amigas. Hay gente que dice que es un poco directa y difícil de tratar, pero yo creo que eso solo significa que no tiene dobleces, y me parece genial que sea tan segura de sí misma; por eso me cae bien.

En cuanto a Ren Seko, sí, seguro que desde afuera nuestra relación parece rara. Con Misa a veces discutimos, así que no sería extraño que otros piensen que estamos enfrentados. Pero en todas las demás situaciones, Ren me trata con total normalidad. No tan cariñoso como con Misa, claro, pero sí me demuestra al menos una fracción de esa amabilidad. Yo… quiero acercarme más a Ren, y por eso seguimos manteniendo esta relación.

Aún no he podido darle las gracias por ese día. Y a veces pienso que él ni siquiera recuerda lo que pasó, así que no me animo a sacar el tema.

Por eso, esa goma de borrar aún está muy cuidada dentro de mi estuche.

Nuestro grupo no es perfecto, pero sí nos llevamos bien y salimos a divertirnos juntos. Los fines de semana salimos a la ciudad, vamos de compras y nos entretenemos.

Cada vez que planeamos salir, Ren siempre me invita. Aunque sé que en realidad quisiera pasar el rato solo con Misa. Me pregunto por qué me invita, pero igual no me atrevo a preguntarle.

Quizás porque a él también le gusta pasar más tiempo con nosotros. Estar con ellos me hace sentir muy cómoda. También es una forma de vigilar de cerca a Ren y Misa, por eso ni siquiera me uní a algún club.

Hoy planeamos dar una vuelta por la ciudad. No tenemos un destino fijo, solo queremos pasear. Nos vemos sin necesidad de una razón especial, y eso me hace muy feliz.

Nos juntamos en la estación más cercana y abordé el tren. Para mi sorpresa, Ren ya estaba en el vagón. Bueno, no fue sorpresa en realidad. Yo ya sabía que él iba a estar ahí, por eso subí a ese mismo vagón.

Él me vio, levantó la mano como saludo y yo respondí con un “buenos días” corto y directo, sentándome a su lado.

Ren se vistió de forma casual, sin exagerar. Me pregunto, si estuviera con Misa, ¿se esforzaría más en su apariencia? ¿Y si fuéramos solo él y yo? ¿Cómo se arreglaría? Pensar en eso me aprieta el pecho, aunque no entiendo por qué.

Misa suele ir en carro con sus papás cuando salimos, así que Ren y yo quedamos a solas hasta llegar a nuestro destino.

—Dicen que Misa salió de su casa hace poco — dijo Ren.

—¿Eh? ¿Cómo sabe eso?

—Ella me mandó un mensaje, ¿no lo viste?

Ren me mostró la pantalla de su celular. Estaba abierta la conversación grupal y, efectivamente, había un mensaje de Misa diciendo eso.

—Es cierto. En la mañana estaba tan apurada preparándome que ni me di cuenta.

—Siempre pienso que Hinata anda con el mismo estilo de siempre. No me sorprende que ande ocupada antes de salir.

—…¿Eh?

¿Acaso acaba de decir que siempre me visto igual? ¿Qué quiere decir con eso? ¿Que mi estilo es repetitivo?

Pero yo siempre elijo outfits diferentes. Si tuviera un patrón fijo, no tendría sentido que estuviera apurada en las mañanas… ¿Entonces me acaba de hacer un cumplido?

Nunca he pensado que mi estilo sea “fashion”. Solo uso sudadera con short y una gorra negra. Me veo en el espejo y creo que no tengo ni un poco de estilo. Pero siempre me tomo tiempo para pensar qué ponerme.

No sé por qué, pero ahora, viendo mi reflejo en la ventana del tren, siento que me veo bien.

Estaba distraída mirando mi reflejo cuando no me di cuenta de que una mujer embarazada se acercaba.

—Por favor, siéntese aquí — dijo ofreciéndome el asiento.

—Ah.

Ren se levantó para cederle el asiento a la mujer.

Normalmente soy yo quien ofrece el asiento rápido, pero esta vez Ren me ganó de mano… No quisiera que pensara que soy alguien que no cede el asiento a una embarazada.

La mujer le dio las gracias a Ren y se sentó a su lado. Luego se acercó a mi oído y me susurró:

—Tu novio es muy buena persona.

Sentí que me ardían las mejillas.

—¡N–No es así! ¡No es nada de eso con Ren! — negaba con desesperación.

Pero la mujer se rió suavemente.

—Tu gorra te queda bien, pero si mostraras más tu rostro, él podría quererte más. Dicen que con solo ver varias veces a alguien, uno termina gustándole — susurró, acariciándose el vientre.

Al entender el significado de ese gesto, empecé a creer más en lo que decía.

Ren estaba un poco alejado, sujetándose del agarradero justo frente a mí. Si levantaba la vista, podía ver su rostro.

Pero no podía mirarlo, así que bajé la mirada hacia mis rodillas.

No quería contradecir a aquella mujer, simplemente sentía que no podía mostrarle mi rostro a Ren en ese momento.

***

Al llegar a la estación destino, nos bajamos del tren y atravesamos el torniquete, donde nos esperaba una hermosa chica: Misa.

Ella siempre se viste muy bien. Aunque también usa pantalones, como yo, su estilo era mucho más llamativo y elegante.

Nos juntamos con ella y los tres salimos a pasear por la ciudad sin rumbo fijo.

En el camino, vimos un karaoke y Misa dijo que quería entrar, así que lo hicimos. Sus ojos brillaban de emoción, parecía que nunca había ido antes.

Aunque era su primera vez en karaoke, cantaba muy bien. Quedé tan impresionada que intentaba no hacer ruido para no interrumpirla. Cuando terminó, Ren aplaudió fuerte y le dijo: “¡Genial!” — elogió su voz.

Aunque yo también estaba emocionada, sentí un poco de envidia y puse mi canción favorita.

Pero comparado con la voz de Misa, la mía no era gran cosa. Normalmente canto feliz, pero poco a poco me fui desanimando.

Entonces, la voz de otra persona comenzó a sonar por el parlante, diferente a la mía. Miré a un lado y vi que Ren tenía un micrófono y estaba cantando conmigo.

Ren se volteó hacia mí y nuestros ojos se encontraron. En su mirada pude leer una pregunta: “¿Puedo cantar contigo?”. Le respondí con una sonrisa.

Esta canción no era un dueto, pero cantar con Ren realmente me hizo muy feliz.

Cuando terminó la canción, se disculpó diciendo: “Perdón por meterme sin avisar.”

Y yo, apenas pude responder: “¡No, está bien!”

Miré a Misa y ella parecía impresionada, murmurando algo como: “Así que también se puede disfrutar así…” Me sentí un poco aliviada.

Después, cantamos dúos por pedido de Misa, y Ren me acompañó con coros mientras yo cantaba. Fue un tiempo muy divertido.

Por cierto, Ren cantaba peor que yo. Él mismo parecía darse cuenta, porque decía cosas como: “No conozco muchas canciones, ustedes canten más.”

Intentaba que nosotros hiciéramos todo el trabajo, con un poco de astucia.

Pero aún así, invadir el micrófono en ese momento… qué injusto.

Después de divertirnos en el karaoke, fuimos a comer para llenar el estómago. Esta vez, fue idea de Misa ir a una famosa cadena de hamburguesas. Al parecer, también era nuevo para ella.

Ver a Misa indecisa al ordenar era adorable, y Ren la apoyaba pacientemente al lado, lo que me quedó grabado.

Luego salimos a pasear por las tiendas, pero un rato después Misa recibió un mensaje en su celular. Al leerlo, bajó las cejas perfectamente arregladas y dijo:

—Lo siento. Mi familia ya me dejó aquí y se fueron por otro lado, pero me van a recoger ahora camino a casa.

—Ah... Qué mal. Pero no pasa nada, no habíamos planeado mucho hoy. Seguro salimos de nuevo pronto.

—¡Así es! Aunque no me guste estar de acuerdo con Ren, no hay que olvidar que hoy no es la única vez que podemos salir.

—¡¿Qué dijiste?!

—¿Eh?

—…Jejeje. Gracias a las dos. Bueno, parece que ya están por aquí, así que me voy.

—Sí, nos vemos en la escuela.

—¡Nos vemos, Misa!

Nos quedamos un momento en silencio, viendo cómo ella se alejaba con un poco de tristeza en la espalda.

—Entonces, ¿nos vamos? — fue Ren quien rompió el silencio.

—…Sí, está bien — no pude más que aceptar.

Comencé a preguntarme si realmente no quería salir conmigo a solas. ¿Será por eso que quería irse a casa? Pensar eso me clavó un dolor en el pecho.

—Si seguimos solos, Misa se va a sentir sola. Vinimos los tres a divertirnos —dijo Ren.

Fue como si pudiera leer mi mente, porque esas palabras eran justo lo que necesitaba escuchar.

El dolor en mi pecho desapareció de inmediato.

Pero en su lugar, sentí algo diferente.

De pronto pensé que quedarme con Ren así, a solas, no era buena idea. Entonces dije:

—¡Yo…! Creo que voy a dar una vuelta a esa tienda de accesorios que está allá — señalé el primer negocio que vi.

Curiosamente, era esa misma tienda que el invierno pasado había visitado de camino a la academia, pero sin comprar nada.

Ren revisó su celular un momento y luego dijo:
 —Bueno, entonces voy contigo.

—¿Q–Qué? ¿Tú también?

—Dicen que hay un retraso en el tren, así que pensé en matar un poco el tiempo.

—Ah, ya veo…

Al final, no pude despegarme de Ren y terminamos yendo juntos a la tienda.

Pensar en cómo nos verán los demás me puso rojita la cara.

—…Ah.

Un adorno para el cabello llamó mi atención. Era el mismo que vi el invierno pasado: una pequeña horquilla con un girasol de cristal. Recuerdo haber pensado que era extraño tener algo tan “veraniego” en esa época del año.

Además, me pareció realmente lindo el diseño. Aunque sentí que no me quedaría y por eso no lo compré.

Mientras yo seguía mirando el adorno, Ren se acercó y siguió mi mirada.

—¿Eh, no está mal? ¿No lo vas a comprar? — me preguntó.

—¿De repente? ¿Acaso te gustan los girasoles? Qué inesperado — le dije con un tono de broma.

Ren se sonrojó un poco y se rascó la mejilla antes de responder.

—No es que me encanten los girasoles, solo pensé que te quedarían bien. Eso es todo.

Sentí un latido fuerte en el pecho. Sin darme cuenta, ya tenía el broche en la mano.

—Me gustan los girasoles. Así que me lo voy a llevar.

Sí, me gusta.

Hoy, justo ahora, me gusta.

***

Incluso en un día de excursión como hoy, Ren le confesó sus sentimientos a Misa.

Aunque el ánimo me bajó un poco, cuando Ren me dijo que el broche me quedaba bien, me sentí mejor, incluso más feliz que antes.

Quizás por eso me animé un poco y saqué unas golosinas de mi mochila para dárselas primero a Misa.

Luego intenté ofrecérselas a Ren, pensando que si me las aceptaba, sería como cuando una pareja se da de comer.

Pero Ren no entendió mi intención y simplemente extendió la mano para tomarlas. Retrocedí la mía un instante, pero terminé dándoselas.

En buena parte fue culpa mía, pero tengo la sensación de que a Ren no se le da bien captar esos detalles femeninos. No, estoy segura. Ren es un tonto.

Sin importar cómo me sintiera, el bus siguió su ruta. Se detuvo al pie de una montaña, en un lugar de difícil acceso. Ahora entendí por qué habíamos viajado en grupo en bus y no por separado.

Aunque me sentía un poco confundida, mover el cuerpo siempre ayuda a despejar la mente. Por eso, esa caminata por la montaña me venía justo en este momento. Solo tenía que seguir subiendo, paso a paso, sin detenerme.

Después de un rato, Otakun tuvo que rendirse, y luego Misa también empezó a mostrar signos de cansancio. En ese momento, Ren se acercó a ella y comenzó a animarla con toda clase de gestos. Mi corazón empezó a agitarse.

Claro, me preocupaba por Misa, pero sobre todo no quería dejarlos a solas. Así que me esforcé al máximo para ayudarla. Gracias a eso, Misa pudo terminar la subida por sus propios medios y me agradeció. Yo le respondí con una sonrisa, aunque sentí un poco de culpa.

No logré despejar por completo mi mente con el ejercicio, pero lo que sí me levantó el ánimo fue pensar en la deliciosa comida que nos esperaba para la hora del almuerzo.

Siguiendo la sugerencia de Misa, nos dividimos en dos grupos. Uno se encargó de preparar el curry, y el otro se quedó a encender el fuego y cocinar el arroz.

Como buena cocinera, Misa fue la primera en ofrecerse para hacer el curry. Pude ver la sonrisa de expectativa en el rostro de Ren; estaba deseando probar la comida hecha por ella.

Por eso mismo, levanté la mano para ayudar con el curry, aunque realmente no supiera cocinar. Tenía un poco de competitividad hacia Misa, y además quería que Ren probara algo preparado por mí.

Y cometí un error.

Si hubiera sido más cuidadosa, tal vez no habría pasado. Pero al ver a Misa manejar hábilmente el cuchillo junto a mí, me apresuré a mover el mío cuando Ren regresó. Y entonces, sin darme cuenta, corté el dedo anular de mi mano izquierda.

Me sentí humillada y avergonzada. Rechacé la preocupación de Misa y me fui sola hacia el lavabo.

Abrí el grifo y dejé correr el agua para limpiar la sangre que brotaba de mi dedo. Al principio dolió tanto que no pude evitar gritar, pero ahora ya no sentía nada.

Sin embargo, el dolor que sentía en el pecho era mucho más fuerte. Mientras miraba distraída la sangre flotando en el agua, sentí como si una herida se formara en mi corazón.

—Hinata — escuché la voz de Ren. De inmediato volví en mí.

—¿Eh? ¿Ren?

—Sí, soy yo, Ren.

Me sentí avergonzada porque salió un sonido raro al responder, pero él se acercó y se quedó a mi lado, mirando mi mano.

Al parecer, estaba preocupado por mí y decidió venir a ver cómo estaba. Sentí que mi pecho se llenaba de algo cálido mientras le decía que estaba bien. Pero, a pesar de mis palabras, el dolor en el dedo comenzó a aumentar poco a poco.

—Aquí, déjame ayudarte — dijo Ren.

—¿Eh?

—Es para devolverte el favor de antes.

Con esas palabras, Ren me puso una curita en el dedo, la misma que yo le había dado durante la caminata en la montaña. Después de ponerla, con un movimiento suave, pasó su dedo por encima para asegurarse de que no se despegara. Y entonces, el dolor en mi dedo desapareció. Fue como magia. Sentí que Ren era un mago.

Por la herida, tuve que cambiar de tarea y pasé de hacer el curry a encargarme del arroz. Para eso, Ren fue a buscar los utensilios.

Cuando lo vi alejarse, sin darme cuenta tomé el borde de su ropa.

Sentí que ese dolor iba a regresar. Quería estar cerca de él.

Después, fuimos juntos a buscar todo lo necesario, y luego ayudé a prender el fuego. Cuando lo logramos, Ren me pidió un choque de manos, pero al ver que tenía las manos sucias, retiró la suya rápidamente.

Yo… sólo quería tocarlo. Sin apartar la mirada, me acerqué despacio y pegamos nuestros hombros.

—Aquí no estás sucio, ¿cierto? — dije, con una excusa porque me daba miedo ser directa.

Sentí calor. Más que el fuego que ardía frente a nosotros, este calor me llenaba el alma.

Entonces, empecé a soltar todo lo que llevaba dentro; cosas que normalmente reprimía salían en lágrimas frente a él.

Y él me escuchó. Me consoló. Me animó.

Cuando terminamos de prender el fuego, Ren dijo que iría a buscar la olla para cocinar el arroz, y esta vez lo dejé ir solo.

No quería que Misa viera mi rostro así.

Mientras acariciaba la calidez que aún sentía en mi hombro derecho, supe algo con certeza.

No podía evitarlo: estaba completamente enamorada de Ren.


Related Creators