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CARNEADES—Tenshi Keisatsu Eru to Kiyowana Akuma/ Volumen 1— Acto 2

Acto 2: Las razas de este jardín

 

Tap, Tap,

Los pasos firmes y pesados resonaban por el pasillo.

El suelo con lozas de mármol pulido, blancas paredes de yeso y las vidrieras de colores solemnes, espaciadas uniformemente.

En el interior de tan majestuosa edificación, que priorizaba la solemnidad sobre la funcionalidad, retumbaban los pasos de un individuo particularmente irritado. Los dos mechones blanquecinos del cabello de Eru rebotaban al ritmo de su ira. Los ángeles policías que conversaban animadamente se apartaron de su camino en cuanto la vieron, probablemente avergonzados por la holgazanería que estaban practicando.

Sin embargo, a lo lejos varios de sus compañeros tenían una reunión de rumores sobre Eru.

Risas estridentes y deliberadas resonaban en el aire, la élite Eru Chasqueo la lengua brevemente.

¡Qué montón de idiotas!

Ella acaba de regresar a la sede desde el distrito de los barrios bajos, y mientras recorría los pasillos en su mente divagaba en diferentes pensamientos.

Los ángeles suelen ser bastante arrogantes, y aunque no les guste admitirlo, también son bastante perezosos, incluso muchos ángeles creen que disfrutar de una vida ostentosa es un privilegio de su raza, pero para Eru los ángeles se podían resumir en una simple palabra:

Orgullosos

Los nobles tienen la obligación de ser nobles eso es el Noblesse oblige. Mantener un alto estatus social conlleva responsabilidades.

Pero no importa cuán nobles sean los ángeles, un policía que no lucha es peor que la escoria. Comer cuando tienes hambre y dormir cuando tienes sueño, cualquiera puede hacerlo

Eru también posee la «arrogancia natural» que se esperaría de un ángel, y es consciente de ello, sin embargo, a diferencia de la gran mayoría de sus compañeros que se daban la buena vida en la «Sede de la Policía Angelical», ella no era de los que atrapaban a los débiles de otras razas por capricho y se dedican a tomar el té y procrastinar el resto del día.

Su seriedad y diligencia la convirtieron en víctima del ostracismo, pero a Eru eso no le importaba.

—No soy un cerdo que duerme y come, ni un cuervo que solo picotea migajas...

—¿A quién llamas cerdos?

—¿Eh?

Sin percatarse Eru había dejado escapar uno de sus comentarios sin querer. Eru levanto la cabeza, al escuchar la voz áspera frente a ella,

De pie frente a un magnífico relieve de uvas tallado en la pared de yeso, había cuatro jóvenes agentes de la policía angelical, con sus cabellos, de un suave color aguamarina, verde esmeralda, dorado y melocotón, alineándose como las flores.

Junto con la evidente ira en la voz de la chica, una sonrisa arrogante se dibujaba en los rostros de sus compañeras.

Eru no puede evitar disgustarse ante esa actitud.

—¡JAhhh! ¿qué con esa expresión, Eru? ¿acaso no eres consciente de tu posición?

La chica, sin importarle en lo más mínimo el rango de élite de Eru, la miró con más arrogancia, ¿de dónde viene tanta confianza?  Eru buco en su memoria y pronto encontró la respuesta a su pregunta; recordó que la líder de ese grupo era, al parecer, la sucesora o la favorita de un alto cargo muy respetado; sin embargo, a Eru no le interesaban esos asuntos y por ende ya había olvidado esos detalles menores de su cabeza.

Eru solo tenía una cosa clara

Todas ellas son unas incompetentes.

—No me refería a nadie en particular al llamarlas cerdos, pero me alegra saber que son conscientes de su propia pereza y holgazanería.

—Hmph, sigues siendo tan arrogante como siempre. Está bien que tú te esfuerces trabajando, Eru, pero tu actitud hacia “cierta persona” es un poco inapropiada, ¿no crees?

—Ustedes entraron en pánico por la fuga de «Eve la escapista»; utilizaron un arma angelical de destrucción masiva sin autorización; hiriendo a humanos en el proceso y, al final, ni siquiera lograron atrapar a Eve dejándola escapar otra vez. yo termine limpiando vuestro desastre, ¿y aún tienen el descaro de criticarme?

Eru habló con total naturalidad y sin el menor atisbo de piedad.

—………

Las chicas que escucharon sus frías y duras palabras se agitaron de inmediato.

Lo que sucedió en los barrios marginales de los humanos hace unos días era una mancha en el historial de la policía angelical. Gracias a la rápida redada y erradicación de las drogas ilegales que se produjo poco después, el asunto se quedó en el olvido y nadie, excepto Eru, lo había vuelto a tomar en serio, pero, aun así, Eru no tenía la intención de borrar de su memoria ese fracaso inaceptable.

Eru miró con desdén a las cuatro chicas que temblaban de humillación.

—Es una vergüenza para la policía angelical. Hay que tener un límite en cuanto a hacer el ridículo se trata, aunque me tranquiliza un poco saber que sois conscientes de vuestra incompetencia.

—Eru... tú...

—¿Hay algo mejor que ver a un cerdo consciente de su propia posición?

—¡Luz...!

Su oponente grito. Las armas que usaban todos los ángeles no eran iguales, la chica arrogante creó una espada, mientras Eru, por su parte, adoptó lentamente una postura defensiva con las manos desnudas, con la intención de quebrar el espíritu de su oponente junto con su espada.

El aire, teñido de vivos colores por las vidrieras, se tensó bajo la presión y el aura asesina de las contrincantes.

Ambas estaban preparadas para actuar de inmediato, pero al momento siguiente.

—¡Té negro con rosas y galletas! ¡Lo siento por la esperaaaaaaaaa!

Un individuo de color miel irrumpió en la escena. tanto Eru como la chica con la que se iba a enfrentar abrieron los ojos con sorpresa.

La que había aparecido como una tormenta era una chica alta vestida con un sencillo traje negro sin adornos. A diferencia de los ángeles, su cabello y piel tenían un tono claro, su larga cabellera, brillante como el té negro, cayendo hasta su cintura, sus ojos eran de un dorado intenso como la miel y lo más característico eran sus orejas y cola de animal.

La chica le entrego una taza y una bolsa de papel a la chica que estaba por enfrentarse a Eru y tras hacerlo le expreso un fuerte saludo.

—¡Sí, con esto he completado la orden! ¿no hay más pedidos?

—No... pero ¡tú, bestia, aunque seas un sucio animal!, ¡aprende a leer el ambiente! ¡ahora mismo estaba a punto de darle un buen corte en la cara a esa vulgar, zorra e insolente policía angelical de ahí!

—Ja, qué fácil es hablar, pero no sabes si puedes hacerlo.

—Eru….. ya basta.

—Un momento, Luna.

—Lo siento, pero como escuchaste soy una bestia y se me da fatal este tipo de cosas que requieren inteligencia. ¡oh, y hablando de eso! ¡bienvenida de vuelta, Eru-san!

La chica bestia levantó las manos y, con familiaridad, agarró a Eru por los hombros y la empujó hacia adelante.

Nadie se percató que, en realidad, su espalda estaba empapada de sudor frío.

—¡Ya está!, ¡vámonos, vamos! ¡es hora de que vayamos a comer algo!

—Hey, Luna...

—Ustedes disfruten del té y las galletas, a todas nos gusta el té y las galletas, ¿verdad? si se enfría, no estará tan bueno, además, en la comisaria están prohibidas las peleas. A mí no me gustan, a nadie le gustan, ¡y además rompería las reglas! ¿no es así? —La chica llamada Luna dijo esto con una sonrisa.

La chica con la que Eru se iba a enfrentar vacilo de repente, y después de observar las miradas a su alrededor, hizo desaparecer de mala gana la espada en su mano.

En ese momento, Luna empujó la espalda Eru con más fuerza, mientras Eru se resistió ligeramente para que la soltara.

—¡Ven, ya está, ahora, vámonos! —Insistió Luna mientras seguía empujando a Eru fuera de la problemática escena, alejándola del grupo de cuatro chicas que ya no parecía tener ánimos de seguir peleando.

Al doblar la esquina del extenso pasillo, Luna exhaló un largo suspiro.

—Eru-san, no puedes actuar así... no deberías iniciar una pelea de esa manera.

—¡La culpa la tienen esas ineptas que la cagaron y no se arrepienten de nada!

—Al final, ellas son solo ángeles inútiles. Como policías, no cumplen con su deber, no atrapan criminales y además maltratan a los prisioneros. ¡Realmente son  de lo peor! pero lo mejor es no meterse con ellas. Como dice el refrán: no te metas con un idiota, porque solo ladrará,                 ¡discutir con ellas es una pérdida de tiempo!

Luna declaro su conclusión con firmeza. Eru solo pudo hinchar sus mejillas, ella sabía que Luna tenía razón, pero aun así no estaba contenta.

A pesar de saberlo, no podía aceptarlo, Luna miró fijamente a la cara de Eru y, con una sonrisa radiante, continuó. —Además, ¡esto también es por el bien de Eru-san!

—Si es por mi bien o no, yo lo decidiré. Pero dejando eso de lado, Luna… ¿acaso ellas te han estado obligando a pagarles las cosas? ¡no me digas que te han estado usando como recadera!

Eru se refería al té de rosas y las galletas que Luna había comprado en la tienda.

Como los hombres bestias tenían un bajo estatus, no creía que ese grupo de cuatro cerdas pagara las cosas de buena gana.

La expresión de Luna se congeló al instante, era una persona honesta y no sabía cómo lidiar con un ataque sorpresa, sus ojos se movieron de un lado a otro de forma una forma un tanto cómica. Esa actitud solo podía significar una cosa.

¡Qué vergüenza! ¡Los ángeles policías estafando incluso a una bestia!

Eru suspiró profundamente y, arremangándose las mangas, declaro: —Esas cerdas … Luna, tú quédate aquí tranquilamente, yo voy a ir a darles una paliza.

—¡Eru-san, no, no, no, no, no, no, no!

Luna con todas sus fuerzas casi en desesperación trataba de calmarla, sin embargo, la testaruda Eru no mostraba señas de tranquilizarse y. Ella le respondió: —En cuanto a combate, ningún ángel puede vencerme.

—¡No se trata de ganar o perder! —Gritó Luna mientras se aferraba a la ropa de Eru.

Sin embargo, Eru estaba decidida a seguir. Luna en ese momento, arrastrada por Eru a regañadientes, de repente se dio cuenta de lago y cambió su expresión; recordó que tenía algo importante que decirle a Eru, y lo mencionó como si fuera un milagro enviado por los cielos.

—¡Ahhh Eru-san sí!, ¡el jefe te está esperando!

—¡Debiste haberlo dicho antes! —Exclamo Eru con su cabello blanco agitándose, mientras corría a toda prisa, Luna la despidió con un gesto de su mano.

 

  *

 

—Este mundo no es equitativo. —Fueron las primeras palabras del jefe.

La sede central de la policía angelical era, en esencia, una oda de la ostentación. Las ventanas estaban adornadas con vidrieras de colores, mientras las paredes de yeso se encontraban plagadas de relieves tallados que narraban diversas historias, y por todo el lugar había esculturas de ángeles con alas o de reinas con el rostro cubierto por un velo de María. En el techo colgaban candelabros de araña con intrincados diseños y, como buen broche de oro, desde el más pequeño de los cubiertos hasta la vajilla más simple eran de plata

En comparación, las condiciones de la prisión donde se encerraba a los criminales y de los dormitorios para los hombres bestia subordinados de los ángeles eran deplorables, un contraste obsceno que resaltaba la crueldad y la hipocresía del sistema.

Todos esos entornos, sin duda, reflejaban las palabras del jefe, sin embargo, Eru no pudo evitar refutar.

—Con todo respeto, jefe Sharena...

—¿Qué ocurre?

—Me parece que ese comentario no encaja con su estilo. —Las palabras de Eru no carecían de fundamento.

En esta sede central que parecía un pastel de azúcar, la oficina del jefe era una rareza que conservaba su funcionalidad.

La habitación no tenía nada más que un escritorio, archivadores y un par de sillas de cuero. Los adornos ostentosos estaban completamente ausentes en la oficina, esto era suficiente para demostrar el rotundo desinterés de la propietaria, la ángel Sharena, por los privilegios de su raza, sin embargo, ella comento: —Es cierto que puede parecer que no va conmigo. Aunque he abandonado la ingenua extravagancia y las frivolidades propias de los ángeles, me enorgullezco de ser un ángel más que cualquier otro. Es un hecho irrefutable, que este mundo es desigual: nosotros los ángeles; nuestros queridos compañeros y hermanos, la policía angelical; tu Eru Fratia, es imposible que seamos igualitarios…

—Sí.

—Si contempláramos este mundo como un pequeño jardín … ¿podrías enumerar todas las razas que coexisten en él?

—En primer lugar, estamos nosotros, los ángeles; luego, nuestros acérrimos enemigos, los demonios; seguidos por los hombres bestia, que nos sirven; y nuestros aliados, los vampiros; finalmente, los lamentables humanos… Esas son las cinco razas, en efecto.

—Correcto, y la vida de cada raza no tiene el mismo valor.

Sharena sentenció con una mirada soberbia.

Eru, sintiendo que algo no encajaba, frunció levemente el ceño.

La jefa Sharena consideraba que el valor de la vida era intrínsecamente igualitario, sin distinción entre las razas. El peso del corazón y del alma no variaba demasiado, sin embargo, la cuestión del valor de la existencia era otra cosa.

Los ángeles eran una clase privilegiada, Eru también era consciente de ello y sentía cierto orgullo.

Eru creía plenamente que ellos eran diferentes a las demás razas. Alzándose con la bandera del orden, les correspondía por derecho propio la posición de doblegar y controlar a el resto de las cuatro razas.

Luego estaban los demonios, si bien eran una raza controlada por los ángeles, su naturaleza belicosa los llevaba a profesar también una ideología nobiliaria. Los demonios se consideraban igualmente una clase privilegiada, y su antagonismo con los ángeles era profundo. Su forma de vida abyecta, que buscaba devorar todo a su alrededor, era comparable a la de las bestias carnívoras.

En un escalón inferior se encontraban los hombres bestias, dependientes de los ángeles o de los demonios para subsistir, siendo considerados como una especie de ganado. A cambio de servir como mano de obra para estas razas, obtenían un suministro estable de comida y cobijo.

En el último lugar de la escala se hallaban los humanos. Una mera raza efímera, comparable a frágiles insectos, sin embargo, recientemente habían surgido movimientos que buscaban elevar su posición racial, interactuando con los ángeles al mismo tiempo que actúan por su cuenta.

Cabe destacar que los únicos con una distinción clara eran los vampiros, estos abogaban por un sistema de privilegios diferente al de los ángeles. Aunque reducidos en números, cada individuo poseía un poder formidable. Si los ángeles se asemejaban a una legión, los vampiros serian élites, por esta razón, los ángeles optaron por establecer un acuerdo de no agresión con los vampiros.

—Por lo tanto, en este nuestro pequeño jardín, incluso si mueren muchos humanos, en realidad no valdrá la pena prestarles atención, sin embargo, nosotros los ángeles portamos la corona del orden, somos una raza orgullosa… precisamente por eso. Incluso en este mundo donde la igualdad es imposible, debemos contemplar la tragedia de los insectos.

—Tienes razón.

—Recientemente, la cantidad de víctimas causadas por los vampiros ha superado el límite de lo que podemos ignorar. —Sharena finalmente llegó al punto central.

Eru repasó en su mente la información que había leído en los últimos días.

Los informes de sus compañeros eran bastante superficiales, y las descripciones de los observadores sobre las víctimas también eran muy vagas, sin embargo, se había confirmado el descubrimiento de cadáveres con anomalías como decapitación, desgarro de órganos internos y desmembramiento.

Eru entrecerró los ojos involuntariamente, al escuchar la palabra «vampiro», una figura familiar emergió naturalmente en su mente. La imagen de un individuo joven y noble que ella conocía pasó por su mente.

Sharena, como si hubiera previsto esto, continuó hablando.

—Eru… incluyendo el caso que tenemos entre manos, quiero que visites a esa conocida tuya, incluso entre los vampiros, ella ocupa un alto status. Por favor, adviértele que aconseje a sus compañeros que no causen más asesinatos sin sentido, como en la época en que reinaba el caos.

—……Entendido, primero confirmaré la veracidad de la información.

—Bien, me haces un gran favor.

Parecía que la conversación, que había dado tantas vueltas, finalmente llegaba a su fin. Eru bajó la cabeza, se despidió y se dio la vuelta para irse, sin embargo, la voz de Sharena la alcanzó desde atrás.

¿Has encontrado a la «Eve la escapista»?

Eru se detuvo en seco. Su suave cabello blanco como la seda se balanceó mientras se giraba hacia su superior.

Sintiendo la humillación de la noche anterior, se mordió el labio inferior y dijo: —Lo siento mucho, todavía no…

—Olvídalo, no te estoy reprendiendo, sin embargo, debemos capturarla antes de que se esconda por completo.

Al escuchar esta orden, Eru ladeó la cabeza con perplejidad.

Era muy inusual que Sharena se mostrara tan insistente con un demonio de poca monta, ¿hay alguna razón detrás de esto? Eru quiso preguntar, pero Sharena, como si rechazara cualquier pregunta, repitió: —Este mundo es desigual.

¿Entonces, por eso hay que capturar a esa demonio?

Eru no lograba deducirlo y esperó a que Sharena continuara, sin embargo, esta vez la conversación realmente parecía haber concluido. Sharena se giró hacia un lado, Eru volvió a bajar la cabeza para despedirse y se preparó para salir de la habitación, pero cuando ya estaba cerrando la puerta, volvió a escuchar la voz de Sharena.

—La gloria de la reina solo nos pertenece a nosotros.

 

  *

 

Con un aleteo, varios murciélagos emprendieron vuelo. A pesar de ser de día, la atmósfera era lúgubre y teñida en oscuridad.

Al final de la elevada pendiente, se extendía una cordillera rocosa frente a Eru, las cumbres, afiladas como agujas, se elevaban con un aura de solemnidad similar a la de una catedral, mientras la sombra de las rocas envolvía el área con un tono grisáceo.

—Aquí es suficiente... Detente aquí.

Antes de entrar en el terreno privado que conducía a la montaña, Eru se bajó del carruaje, arrancó el boleto de uso único que le había proporcionado la central, el carruaje autónomo que no necesitaba ni caballos ni cochero, tomó los dos boletos y se dio la vuelta de inmediato abandonando el lugar por un camino montañoso irregular.

Para un carruaje conducido por humanos, solo se necesitaba un boleto, pero no había otra opción, después de todo, ningún herbívoro se atrevía a acercarse a esta montaña, por lo tanto, en esta cordillera rocosa no había caballos, ni ciervos, ni conejos, ni siquiera ratones de campo, solo habitaban murciélagos, lobos, serpientes venenosas y bestias mágicas. Desde que «ella» se instaló, incluso los zorros habían huido aterrorizados.

—En serio... este lugar tan apartado sigue siendo tan inaccesible y espeluznante. —Eru se quejó, luego, levantó la vista hacia la mansión construida cerca de la cordillera...

La mansión se incrustaba profundamente en la montaña, con una majestuosidad clásica que la asemejaba a un castillo. En el centro de la fachada de piedra oscura, un magnifico vitral de rosetón brillaba con intensidad, los colores del vitral eran rojos, como una rosa de cristal en plena floración, curiosamente, no había otras ventanas en toda la construcción. A ambos lados de la mansión se elevaban dos torres, que se rumoreaba tenían campanas en lo alto, aunque Eru nunca las había escuchado sonar.

—Siguiente paso.

Eru se encogió de hombros y se dirigió hacia la mansión. Frente a ella se encontraba una gran entrada en forma de reja, que estaba abierta de par en par, por supuesto, no había necesidad de cerrarla porque este lugar era «inaccesible».

—Aun así, tengo que pasar. —Eru murmuró en voz baja, apretando y soltando las manos. Con un ligero chasquido, la luz corrió por sus dedos, se había recuperado por completo del cansancio de la noche anterior. El mortero, que consumía mucha energía, ya no era una opción, pero al menos podría conjurar una pistola sin problemas.

Tras confirmar su estado, cruzó la puerta con paso firme, en ese instante, Eru cerró los ojos con calma, levantó la mano izquierda con agilidad y la cerró con un suave movimiento.

De forma inexplicable, el mango del cuchillo se encontraba ahora en su mano, lo había atrapado al vuelo a una velocidad imperceptible para el ojo humano. A continuación, Eru golpeó ligeramente el suelo con la punta de su pie derecho, activando el mecanismo oculto en la suela de su zapato y haciendo que una navaja saliera disparada, con un rápido movimiento de la pierna, la lanzó hacia delante, produciendo un sonido metálico al chocar con algo.

La punta de la lanza se encontró con la hoja de la navaja oculta en la suela de su zapato.

—Ara, Ara.

—No está mal.

En algún momento, una joven con aspecto de sirvienta apareció de la oscuridad, apuntando a Eru con una lanza, su cabello era de un gris azulado, su rostro bello como una muñeca y sus ojos heterocromáticos, de color azul y plata, brillaban como dos gemas, sin embargo, su expresión era tan rígida como la de una marioneta.

La sirvienta arremetió nuevamente con su lanza,  Eru concentrando su fuerza en su pierna derecha, empujo con fuerza desviando la punta de la lanza hacia un lado buscando distancia, sin embargo, Eru perdió ligeramente el equilibrio. Esta abertura no pasó desapercibida, y varios cuchillos volaron hacia ella desde el lado izquierdo.

Bang

Eru disparo con la pistola que ya había materializado en su mano derecha, acertando con precisión contra los cuchillos.

Clank

Las balas chocaron contra las hojas, creando chispas y haciendo que los cuchillos salieran despedidos.

Eru, imperturbable ante el repentino ataque simultáneo por dos frentes sin vacilar, saludo a sus atacantes.

—Cuánto tiempo sin vernos, Cian Frieding, Ethyl Flore.

No hubo respuesta, sin embargo, la otra atacante que estaba escondida la lanzadora de cuchillos también salió a la luz. Con su cabello cabello gris rojizo, ojos heterocromáticos color plata y rojo tan hermosos y brillantes como las joyas, y un adorable lazo negro que resalta en su rostro.

Entonces una sonrisa traviesa se dibujó en sus labios. Las dos sirvientas eran muy parecidas, pero a su vez eran diferentes: Una parecía aburrida, la otra alegre; una tenía un rostro frío e inexpresivo, mientras la otra una sonrisa cálida y amable; una parecía una obra de arte de cristal, y la otra un dulce de azúcar.

Aunque parecían gemelas, esas dos sirvientas eran polos opuestos. Frente a estas dos misteriosas sirvientas, que daban una extraña sensación, Eru susurro en voz baja

—Tengo un asunto que tratar con su maestra. ¿podrían dejarme pasar?

—¿Tiene permiso?

—¿Ha obtenido el permiso?

Cian y Ethyl preguntaron al unisonó, como si de una canción se tratase. Cian entono con frialdad, mientras Ethyl con dulzura.

—No... no sean tan irrazonables. Cuando se trata de ustedes, ¿cómo se supone que las contactemos con anticipación?

—Entonces, puedes darte por vencida, aquellos que cruzan esta puerta...

—Sin permiso, serán eliminados sin piedad.

Cian levantó su lanza, mientras que Ethyl prepara varios cuchillos arrojadizos entre sus dedos.

Ciertamente, defender la puerta es su deber, pero ¿no podrían ser un poco más razonables?

Eru sacudió la cabeza en silencio, sin embargo, no se quejó, tomó el cuchillo arrojadizo que había atrapado con su mano izquierda y lo dejó caer con un giro, clavándolo en la hendidura de una roca.

En un instante, la mano izquierda de Eru también empuñaba otra pistola, apuntando ahora los dos cañones de sus armas contra las sirvientas

Al mismo tiempo, las dos sirvientas también entraron en acción, preparándose para atacar a Eru por dos frentes consecutivos, pero….

—¡Basta! deténganse, Cian   Ethyl, —Resonó una voz como una campanilla. Era adorable, fresca, suave pero penetrante, la voz digna de alguien hermoso e intocable, la voz totalitaria de un comandante. Las dos sirvientas inmediatamente detuvieron su ataque contra Eru.

Toda la agresividad de antes ahora parecía un mero sueño

—Mi lady.

—Señorita.

Ambas sirvientas saludaron con una reverencia a su maestra Cian la llamo con respeto, mientras que Ethyl lo hizo con cariño y afecto. Ambas colocaron sus manos sobre sus vientres en una postura formal, luego, levantaron sus faldas con gracia y realizaron una reverencia ejemplar.

Sin dudarlo Eru bajo los cañones de sus pistolas y dirigió su mirada hacia la fuente de la voz.

—Te lo he dicho antes, ¿podrías dejar de enviar a tus sirvientas a atacarme? es una pérdida de tiempo.

—¿Qué tontería es esa? la pérdida de tiempo es lo que le da sentido, perder el tiempo es lo divertido ¿no crees? —La joven noble de aspecto delicado, respondió como si recitara un poema.

Su cabello era plateado, ojos rojos como la sangre, su cuerpo estaba adornado con elegante vestido de un negro crepuscular que contrastaba de maravilla con su pequeño y frágil cuerpo.

Pero a pesar de su apariencia, ella emanaba una nobleza propia de alguien que ha vivido a lo largo de siglos, creando una atmosfera siniestra a su alrededor discorde a su delicada apariencia que la hacía realmente inquietante, y de su espalda sobresalían unas suaves alas blancas.

La joven giraba una sombrilla en sus manos, mientras la cadena que sujetaba entre sus dedos tintineaba.

Eru miró a la persona encadenada por el cuello al final de la cadena y dijo: —Vaya, parece que estás en un aprieto, Hatsune.

—Cállate, no te metas en mis asuntos.

Le respondió una joven de cabello rosa brillante. A pesar de su alta estatura, parecía herida, con vendajes y gasas cubriendo todo su cuerpo. Vestía un sencillo vestido blanco que le daba una apariencia frágil, sin embargo, sus ojos verdes resplandecían con una determinación feroz, rechazando cualquier muestra de compasión.

La chica a la que Eru había llamado Hatsune, apartó su mirada con una expresión lamentable. La siniestra joven de aspecto noble sonrió, mientras tiraba de la cadena alrededor del cuello de Hatsune.

—Entonces, Eru, ¿cuál es el asunto? ¿en qué puede ayudarte, Noah?

Noah, la vampiresa malvada. La noble princesa de los vampiros, ella era la vampiresa que Eru conocía.

 

  *

 

—Muchos, muchos cadáveres... Noah ya lo sabe.

—Entonces, ¿esto significa que ustedes son los responsables? —Preguntó Eru sentada en un sofá tapizado con diseños florales, tan inusualmente cómodo como para hundirse en él.

 En ese momento, Cian trajo té, dejando tazas y platillos con estampados de rosas sobre la mesa de centro de un negro brillante. El té de Eru tenía mermelada, mientras que el de Noah estaba lleno de sangre.

Noah tomó un sorbo de su rojo brebaje y respondió suavemente: —¿Tienes prejuicios contra los vampiros? ¿crees que esos cadáveres sin valor y sin sabor son obra nuestra? ¿qué sentido tendría que Noah y los suyos hicieran algo así? ¿acaso quieres morir? debe ser eso ¿no es así?

—No creo que tú o tus amigos lo hagan, eso es seguro, pero no se puede descartar la posibilidad de que algunos vampiros de bajo rango estén causando estragos... ¿qué opinas?

—No es imposible, Eru, eres realmente inteligente... A Noah le gustan los niños ingeniosos, tanto inteligentes como adorables.

Noah sonrió ligeramente y con gracia dejo su taza de té sobre el platillo sin hacer un solo sonido.

En ese preciso momento, Ethyl trajo unos pastelitos de con forma de rosas espolvoreados con azúcar, Noah cortó un pedazo de su panecillo con un tenedor, y una espesa sustancia rojo carmesí se derramo desde su interior.

—Así que el pastelillo también contenía sangre.

Eru respondió mientras perdida el apetito

—No digas eso, es escalofriante.

—No te preocupes, no seré tan grave como con Hatsune. —Noah dijo mientras cortaba el pastel con una sonrisa.

Eru miró hacia el fondo de la sala de invitados, Hatsune yacía tumbada sobre una piel de lobo dorada, balanceando las piernas sin hacer nada, la imagen misma de la fragilidad, la decadencia y la resignación. Un collar de cuero con una larga cadena rodeaba su delgado cuello, la mascota de la vampiresa hoy también estaba vendada y siendo cuidada, como de costumbre.

Eru no pudo evitar murmurar

—¿Realmente te gusta Hatsune?

—Después de todo, es una mascota adorable, además, es deliciosa y disfruto mucho al morderla.

—Siento lástima por Hatsune.

—¡Cállate! ¡ya te dije que no te metas en mis asuntos! —Hatsune respondió con desagrado y luego se dio la vuelta dándole la espalda a Eru. Su actitud era más cercana a la de una caprichosa señorita que la de una mascota. Ante su descortesía hacia la invitada Noah chasqueó los dedos. Ethyl con una sonrisa radiante corrió hacia ella y comenzó a hacerle cosquillas a Hatsune con una pluma de ganso.

—¡Basta, ah, ah, ah, ja, ja, ja

En medio de las estridentes risas de Hatsune que llenaban la habitación, Eru volvió al tema:

—Entonces, ¿es posible que lo hayan hecho vampiros de bajo rango?

—Imposible.

—¿Imposible?

—No importa si son pobres, débiles o estúpidos,  todos los vampiros están siendo vigilados por Noah. —La vampiresa afirmó con rotundidad.

Eru esbozó una sonrisa en sus labios. Los vampiros eran una raza que amaba la soledad, y el hecho de que esta joven pudiera controlar a todos sus congéneres sin excepción era una prueba de su poder.

Noah habló con elegancia y lánguidamente —Todos ellos se están comportando bien, y los actuales casos de asesinatos tienen otro culpable.

—¿Quién es el culpable?

—Eso no está claro... pero ya que has venido hasta aquí, al menos deberías traer un regalo.

Noah se llevó con elegancia otro trozo de pastelillo de rosa a la boca... Con la última porción, limpió el rojo carmesí sobrante que se derramaba sobre su plato. Eru esperó pacientemente a que continuara, después de tomar otro sorbo de té rojo, Noah prosiguió: —Por ejemplo... ¿ahora estás a cargo de los barrios marginales verdad?

—¿Cómo lo sabes?

—No es obvio... después de todo, Noah tiene muchos ojos y oídos. —Noah respondió con indiferencia, como si su declaración no fuera importante.

Eru no pudo evitar chasquear la lengua. La vampiresa podía obtener información a través de sus congéneres más débiles, de las bestias y de los murciélagos; era una habilidad especial que la policía angelical no tenía, y Eru junto con sus compañeros no podía evitar sentir envidia, ya que ellos dependían de sus propios pies para moverse.

Sin prestar atención a los complejos sentimientos de Eru, Noah continuó hablando con indiferencia: —Ese lugar es especialmente peligroso, deberías tener más cuidado... hay corrientes ocultas allí, hay señales de que algo grande está a punto de ocurrir.

—¿Qué es exactamente?

—Por ahora, nadie lo ha visto. —Noah sacudió levemente la cabeza incapaz de responder.

Esta vampiresa no es omnipotente. Eru se llevó la mano a la boca y se quedó pensativa.

—Los barrios bajos, ¿Eh?

Recordó que las víctimas humanas en ese lugar eran principalmente personas pobres. Aunque los informes de sus compañeros carecían incluso de información sobre la escena del crimen, la mayoría de las víctimas que se encontraron víctimas parecían estar relacionadas con esa área. Definitivamente tenía que estar alerta.

Luego, Eru entrecerró los ojos, la imagen de sus ojos color lila y de su cabello largo como una cinta de seda rondaron por su mente.

Eve había echo de los barrios marginales su escondite. ¿No es un lugar muy peligroso ahora? ¿Y qué si lo es? ¿Por qué me preocupo tanto?

—Eru.

—¿Qué pasa?

—¿Eres feliz?

—¿Qué? —Eru se quedó desconcertada ante la pregunta tan inesperada y sus suaves ojos rojos se entrecerraron con sospecha.

Noah inmediatamente negó con la cabeza y cambió el enfoque de su pregunta

 De acuerdo, cambiemos la pregunta a algo más apropiado… ¿Eres feliz ahora?

—¿Cómo podría estar feliz? Todos son unos idiotas.

—Ya veo, sin embargo, durante tu última batalla, parecías bastante contenta.

Eru chasqueó la lengua. Probablemente, un cuervo que habitaba en los barrios bajos había presenciado esa escena, sin embargo, era imposible que Eru estuviera contenta después de dejar escapar a su objetivo. Eru estaba preparada para expresar su desacuerdo, pero se detuvo.

Recordó la figura que la miraba con ojos llorosos. Bajo la blanca luz de la luna, después de que ambas jugaran todas sus cartas con todas sus fuerzas, las dos se miraron seriamente, fue como si hubiera disfrutado de un intenso baile para dos.

A pesar de ser una llorona, Eve era tenaz, sus ojos lilas siempre estuvieron rebosantes de una gran fuerza de voluntad.

Eru se dio cuenta de que había pasado mucho tiempo desde que se esforzaba tanto en un enfrentamiento

Ahora que Noah lo menciona, es cierto... no fue para nada aburrido, supongo que no me siento completamente infeliz.

—Si ahora eres feliz, sigue así, diviértete eso es lo que Noah piensa.

—¿Qué quieres decir con eso?

—¿Quién sabe? Ahora a ti te toca pensar en ello, Eru.

—Me voy. Gracias por la información. —Dijo Eru levantándose bruscamente.

Mientras tanto, las risas se detuvieron. Hatsune se retorcía con espuma saliendo por su boca y espasmos abdominales mientras Ethyl le daba un beso en la mejilla, Noah por su parte al ver a esas dos asintió con satisfacción.

Aunque esto sucedía casi siempre, la escena dejaba en cada ocasión a Eru sin palabras. Se encogió de hombros y se preparó para marcharse, pero al girar la cabeza vio a Cian. Eru, al ser mirada fijamente por esos ojos heterocromáticos azul y plateado, también le devolvió la mirada.

—¿Qué pasa?

—Por favor, llévese los pastelillos.

—Gracias. —Eru tomó la cesta atada con una cinta roja, que desprendía el aroma de los pasteles recién horneados.

Noah, sin levantarse de su silla, agitó la mano con elegancia.

La vampiresa, no desde una posición de amistad, le dijo a Eru:

—Adiós. Cuídate, Eru, mientras seas lo suficientemente fuerte para cruzar esa puerta, seguro que nos volveremos a encontrar.


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