Me gusta hacer fotos a diferentes horas del día, se redescubren los lugares conforme va cambiando la dirección del sol. En esta serie, debimos estar desde las cinco hasta que casi anocheció, pero no podía ser de otra manera, esa cristalera pedía a gritos ser contemplada con la evolución del sol. Fue un poco incómodo todo, porque no podía poner muy bien el trípode por ahí (Álex tuvo que sustituirlo de nuevo), porque hubo que hacer algunos malabares para subir al alfeizar de la cristalera (las telas de araña y el óxido no lo hacían demasiado ideal), porque había que ir con cuidado por el suelo para no clavarme nada... Tenía una mezcla de sensaciones entre querer acabar para salir de ahí y darme una ducha y querer quedarme todo el día para sacarle todo el jugo que pudiera. Al final, como ya dije, estuvimos hasta que casi no veíamos nada y este fue el resultado.