En mi visita a Huesca de junio, me topé con el cielo más espectacular de toda mi vida.
Fue una tarde que estaba editando en mi cuarto, suelo hacerlo a oscuras y con la persiana bajada para ver la pantalla lo mejor posible. Creo que salí a beber agua y vi que entraba una luz rosa muy bonita en la cocina, así que me asomé a la terraza. Vi un arco iris doble precioso. Me emocioné y me agobié porque no sabía cuanto rato llevaba y no me iba a dar tiempo de ir a ningún sitio. Estaba indecisa, pero mi madre me dijo que podíamos probar y pues allá que fuimos. Me puse lo primero que pillé y salí cámara y trípode en mano. Lo bueno de Huesca es que es pequeño y lo bueno también es que no vivo en el centro, sino cerca de Salas (una zona con una ermita donde hay campito muy muy cerca de la ciudad). Así que allí nos dirigimos. De adolescente iba mucho a hacer fotos ahí, pero hacía unos meses había ido para hacerle una sesión a una chica, así que sabía dónde ir. Todo bien, salvo por el detalle de que la vegetación había crecido que me llegaba por la cintura y ya me veis ahí corriendo entre hierbas altísimas, rezando porque no hubiera ninguna ortiga. Un show. Tras llegar al campo el arco iris ya era solo uno y estaba desapareciendo, así que fui lo más rápida que pude y lo monté todo. Pero lo más espectacular de todo no fue el arco iris, fue el cielo con unas nubes que no había visto jamás y una luz con un color naranja impresionante, solo deciros que estas fotos tienen bastante poca edición, el color es prácticamente como estaba. No pude sacar muchas fotos, porque se fue todo muy rápido, pero algo conseguí y vaya, que fue increíble haber podido presenciar ese espectáculo y haber podido bañarme de ese naranja.