La niebla es uno de mis entornos favoritísimos para hacer fotos, tiene todo lo que me gusta: el misterio, ese toque tenebroso y los tonos decadentes. Aunque donde vivo suele haber épocas largas de niebla en otoño/invierno, este año a penas ha habido y ese día fue una sorpresa. Llevaba semanas esperando que llegara la niebla y una mañana que salí a hacer recados ahí estaba, obviamente dejé lo que tenía que hacer y fui directa a hacer fotos. Al día siguiente llevaba un buen resfriado, pero mereció la pena. Ojalá haya más días así o más densos, porque no me canso de ella.