Hace ya unos siete años que me diagnosticaron depresión. Siete años, que se dice pronto, siete años, aunque viniera de antes, siete años y los que quedan. Vivir con depresión es complicado, porque no se ve, porque no se tiene en cuenta, porque no es algo de lo que se sepa ni se quiera hablar. Es complicado porque la salud mental en este país es pésima, porque parece una excusa, porque es algo que ni tú logras entender. No sabes qué es lo que pasa, no entiendes porqué no puedes levantarte de la cama o ducharte o salir a la calle, no entiendes porqué no puedes hacer lo que antes hacías y sobre todo: lo que todo el mundo hace. Tienes depresión te dicen, mezclada con ansiedad te dicen, también que no tienes autoestima y puede que un poco de fobia social, si te apetece completar más la papeleta. Tienes la cabeza tan llena que pesa demasiado y por eso no puedes hacer nada, tampoco puedes explicar lo qué sientes porque está demasiado enmarañado todo. Hay que probar con terapia y con medicación, terapias que no funcionan, pastillas que o no son suficiente o te anulan. Entonces, ¿qué haces? Fotografías, intentas soltar todo lo que te ahoga en imágenes, intentas explicar lo que no consigues decir con palabras y se convierte en algo imprescindible.