Así pasa la tarde,
el tiempo, el agua de la muerte,
el agua de la vida,
el circo de la vida.
Hay una dulce dejadez de amor
que nos relaja y humildemente nos une.
Y así pasa la tarde.
A cada uno se le da un puesto
una ribera donde el agua y el ser se marchitarán.
Y así pasa el gentío,
como si siendo ajenos, desentendidos, tristes
contempladores, escaparan al canto del gallo
cuando les llame.
Vienen sombras, caretas, figuras de oro falso
y papel viejo.
Barras, trapecios, trampolines,
la dulce musiquilla del rugido del hombre…
Todo para un último final que nadie sabe.
Así pasa la tarde.
Y yo me quedo mirando tu dulce sueño,
tu figura de piel y curvas
de montañas prohibidas
y me baño en el agua de tu vida.