Aunque esté tanto con los colorines, he ido haciendo otros tipos de fotos, como estas que me tienen enamorada. Son de finales de agosto, de una serie que se suponía iba a ser de fotos dentro de la piscina. Lo que pasó fue que fuimos tarde y que el agua estaba demasiado fría, por lo que ella no tenía demasiadas ganas de meterse. Así que, al final, acabamos aprovechando la luz del atardecer de la casita del terreno. Me gustó muchísimo ese naranja del atardecer con el tono de la madera y de su piel y el de las hojas con el de sus ojos. Tenía todo un aura campestre preciosa. Me quedé con algo de ganas de hacer fotos en el agua y eso que, al final la lié un poco para que se metiera para hacer unas pruebas con color.