“- Lo único que tienes que hacer, es darme tu etiqueta.
- ¿Qué etiqueta? ¡Tengo una etiqueta puesta!
- ¿Cómo olvidaste que tienes una etiqueta?
- Ay no, lo lamento. Yo, sufro de falta de memoria de corto plazo.
- ¿No recuerdas de qué estábamos hablando?
- No, nadita. ¿De qué estábamos hablando?
- Ibas a darme tu etiqueta.
- Pero me gusta vestir de etiqueta. ¿Por qué la quieres?”